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Las fronteras de la vergüenza

2 de septiembre de 2016

Un año sin Aylan

Más del 80% de los menores se han visto afectados por la guerra y necesitan urgentemente ayuda humanitaria, tanto aquellos que permanecen en Siria como los que han tenido que huir a países vecinos. Niños y niñas que crecerán como refugiados y no como personas, porque desde Bruselas parece haberse decidido que ambos términos son incompatibles.


Un año sin Aylan
Niño migrante solicitante de asilo cruzando FYROM rumbo a Serbia. Noviembre de 2015. @ _cesar_cid (CC)  

El 2 de septiembre de 2015 el planeta se conmocionó al darse de bruces con la realidad. La imagen del cuerpo inerte del pequeño Aylan tendido a la orilla de la turística playa turca de Bodrum dejó sin respiración a millones de personas, que avergonzadas, constataron una vez más que el mundo está podrido. Hoy, 365 días después, seguimos igual (o peor). Ese drama humano que hace un año se reflejó a través de una fotografía, sigue cobrándose las vidas de miles de menores cuyo único delito ha sido el de haber nacido en el lugar y en el momento equivocados.

Ya poco podemos hacer por Aylan, que fue asesinado como muchos otros ante la mirada pasiva de una Europa cobarde y sin escrúpulos, que bajo el disfraz de “garante de derechos y libertades” manipula a su población con políticas del miedo sin que le tiemble el pulso. Mientras, más de 400 menores han perdido la vida sólo entre aguas turcas y griegas después de que lo hiciera Aylan, aunque esas muertes no hayan copado las portadas de los periódicos.

El destino que les espera a quienes consiguen llegar a Europa no suele ser mucho mejor. Una de cada cuatro personas solicitantes de asilo en esta crisis migratoria son menores. Menores que probablemente pasen gran parte de su infancia (si no toda) en un cochambroso campamento, sin acceso a educación o a una dieta saludable. Niños y niñas que crecerán como refugiados y no como personas, ya que por desgracia, desde los cómodos sillones de cierto edificio en Bruselas parece haberse decidido que ambos términos son incompatibles.

Migrantes solicitantes de asilo, en su mayoría de origen afgano, esperan su turno para registrar su llegada al campamento de Moria, Lesvos. Otcubre de 2015 | César Cid (CC)

Los escalofriantes datos que nos dejan cinco años de conflicto en Siria son tan duros como inaceptables. Más del 80% de los menores se han visto afectados por la guerra y necesitan urgentemente ayuda humanitaria, tanto aquellos que permanecen en Siria como los que han tenido que huir a países vecinos. Hay 7 millones en situación de pobreza y casi 3 que han debido abandonar la escuela. La realidad de una infancia perdida se vio de nuevo reflejada a través de una imagen hace unas semanas; la del rostro perplejo y cubierto de escombros del pequeño de 5 años Omran Daqneesh, tras un bombardeo por el que su hermano mayor falleció días después.

El aniversario de la muerte de Aylan no debería servir simplemente para homenajear al niño. Es momento de señalar con el dedo a los verdaderos culpables y plantar cara a quienes permiten que esta crisis humana y migratoria siga destrozando millones de vidas. Una Unión Europea hipócrita y cínica, que presume de estar fundada sobre los valores de “respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto a los derechos humanos”, pero que no duda en firmar pactos ilegales con un gobierno dictatorial y opresor como lo es el turco, poniendo en gran peligro a las personas refugiadas que allí son enviadas desde Europa sin remordimiento alguno. Un Estado español irresponsable e insolidario, que a día de hoy se conforma con haber reubicado a 201 personas y reasentado a 273 entre sus fronteras. Una cifra tan irrisoria como ridícula, que demasiado dista de las 16000 personas que se comprometió a acoger. No podemos tolerar que tantos corazones podridos continúen provocando estas situaciones. Debemos aceptar que mientras sigan existiendo Aylans y Omrans, no podremos mirar al mundo a los ojos sin sentir vergÜEnza.

Migrantes solicitantes de asilo, en su mayoría de origen afgano, esperan su turno para registrar su llegada al campamento de Moria, Lesvos. Otcubre de 2015 | César Cid (CC)

María Bofill Garcia    Passatge Segur Obrim Fronteres

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1 Mensaje
  • Javier Cortines 3 de septiembre de 2016
    15:37

    María:
    Muchos pensábamos que la imagen del niño Aylan iba a tener un efecto parecido a la de la niña vietnamita que corría desnuda bajo las bombas del napalm. Nos equivocamos. Todos los poderes esconden la cabeza debajo del ala y se lavan las manos. ¿Qué se puede esperar de esta Europa insolidaria? Lo que vemos, nada, o casi nada. Los derechos humanos han sido reducidos a transacciones comerciales. Un amigo mio dice que:" El aprendizaje de la decepción es el más duro y común de los aprendizajes humanos".

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