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Alternativas económicas

8 de febrero de 2017

Monedas sociales, ¿una solución frente a la crisis económica?

A día de hoy, seguramente muchos de vosotros habréis escuchado en algún momento hablar sobre las monedas sociales, complementarias, alternativas y locales. Su gran estallido, surgido tras la crisis económica, y su mantenimiento a lo largo del tiempo nos han demostrado que no son “flor de un día”. Pero, ¿qué son, cómo funcionan y cuáles son las propuestas que recorren nuestra geografía española?


Monedas sociales, ¿una solución frente a la crisis económica?

En la actualidad las monedas sociales han ocupado titulares y llenado páginas enteras de tinta. A finales de este año, el Ayuntamiento de Barcelona anunció que comenzará una prueba piloto entre el 2017-2018 para poner en marcha una moneda local en el eje del río Besòs, uno de los barrios más pobres y desfavorecidos de la ciudad condal.

Aunque desde el Banco de España han surgido muchas críticas con respecto a su puesta en circulación, la idea no es nueva en el territorio y de hecho las monedas sociales han servido a distintas causas a lo largo de la historia. Según explica Genoveva López Morales, especialista en monedas sociales y Economía Social y Solidaria, en los “últimos cien años el Estado Español ha experimentado tres periodos importantes respecto a la innovación en monedas: durante la Guerra Civil, a finales de los ’90 y ahora, tras la crisis económica del año 2008”.

Es a partir de este último periodo cuando este tipo de monedas comenzaron a tomar fuerza de forma desmesurada en la geografía española. El Puma, el Ekhi, el Res, el Eco el Orué, el Osel, el Boniato, el Henar, el Zoquito, la Jara, la Mora, la Oliva o la Turuta nacieron como respuesta a una crisis financiera que había dejado a millones de personas en la estacada. El objetivo de estas monedas nace del interés de promover una economía social y solidaria, para impulsar sistemas monetarios de vecindad basados en la confianza y la reciprocidad. Su fin descansa en su uso y no en la acumulación (diferenciándose así del dinero de curso legal, o lo que el Banco Central Europeo denomina como dinero fiat). En este sentido, su uso dinamiza y favorece el comercio local de proximidad, el autoempleo, el autoemprendimiento, las PYMES, la optimización de recursos propios de su zona geográfica, reducen la exclusión social e incluso fomenta conductas respetuosas con el medio ambiente. De hecho, cada vez son más los ayuntamientos que integran este tipo de economías, ya que se ha demostrado que generan riqueza y bienestar social.

Moneda social, completaría, alternativa…¿Son lo mismo?

Según Wikipedia, hoy en día existen más de 2.500 sistemas de moneda local que operan en países de todo el mundo. Pero cuando hablamos de ellas, es necesario tener en mente tener claro qué significa cada una de ellas, ya que sus distintas denominaciones se deben fundamentalmente a los matices de su uso y funcionamiento. Genoveva López Morales, explica que “las monedas alternativas hacen referencia a que su gestión es alternativa a la moneda emitida por el Estado; el hecho de ser complementarias, hace referencia a que trabajan complementando la moneda oficial, no intentando sustituirla; en caso de referirnos a las monedas sociales, otorga mayor peso a la función social de dicha moneda y en el caso de las monedas comunitarias o locales, haríamos referencia a que su área geográfica de actuación tiene límites definidos".

A la hora de poner en marcha una moneda local, existen diferentes maneras. Por un lado, se puede hacer desde los bancos del tiempo y las redes de trueque, donde las monedas sociales se crean a través de los propios intercambios de servicios.

La diferencia que existe entre los bancos del tiempo y las redes de trueque, básicamente es en que los primeros emplean la divisa tiempo y las segundas una moneda social propia y característica. En ambos casos se denominan esquemas de crédito mutuo.

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Tan sólo en el territorio español existen en torno a 400 monedas sociales que cada día van cogiendo más fuerza y potencia. Siguen la estela de éxito de Bristol Pounden Inglaterra, la Sol Violette en Toulouse o elChiemgauerd en Alemania. En la actualidad, ésta última moneda es usada por más de 2.000 consumidores, y en torno a 600 empresas ya operan con ella, generando desde hace más de una década 4 millones de euros de compras de bienes y servicios al año.

A día de hoy son muchas las acciones e iniciativas que se están poniendo en marcha en toda la geografía española. De hecho, Julio Gisbert impulsor de la plataforma Vivir Sin Empleo , donde se puede encontrar un mapa con las monedas sociales que existen en nuestros días, explicó en un reportaje de El Mundo, que en la actualidad "podemos hablar ya casi de dos economías paralelas: una de carácter convencional y monetario, y otra basada en la colaboración y con raíces en lo local"

Hay muchas, y cada una de ellas están teniendo su impacto positivo en los lugares en los que está funcionando. En esta ocasión y haremos un recorrido por la geografía española para conocer algunas experiencias que funcionan muy bien y que han demostrado con creces no ser historias de un día y que además son necesarias para apoyar la construcción de un sistema más justo, social e igualitario.

El Zoquito del Jerez (Cádiz)

Es la moneda social en activo que tiene el honor de ser la más veterana en España.
El Zoquito es una red de moneda local que se fundó el abril de 2007 en Jerez de la Frontera gracias a la voluntad de los miembros de asociación de consumidores de productos ecológicos "El Zoco". Actualmente la red está formada por un grupo de personas y empresas procedentes de diferentes ámbitos: desde movimiento sociales, asociaciones o simples ciudadanos que comparten la idea de una economía justa y solidaria.

Su funcionamiento se basa en la utilización de una cartilla que contiene un saldo inicial de 100 zoquitos de regalo, no se pueden acumular más de 500 zoquitos, se puede endeudar cada socio hasta un valor de -50 zoquitos, y en el caso de abandonar la Red se compromete a devolver la libreta con 100. Actualmente cuenta con más de 120 miembros y acaba de hermanarse con otra moneda complementaria de la zona: el “Eco” de la ciudad de Rota, para ampliar a sus socios las posibilidades de nuevos bienes y servicios. Hacen habitualmente lo que denominan “Mercazoquitos”, que no son más que mercadillos para dinamizar y generar ventas e intercambios entre sus asociados.

Ekhi, Euskadi

El Ekhi es la moneda social que opera en toda Vizcaya ha dejado de ser de papel. Ahora es virtual. El proyecto Ekhi surgió en 2013 para favorecer el comercio local, ético y sostenible y hasta el año pasado ha estado funcionando como moneda de papel en unos 80 comercios y asociaciones de Bilbao, Mungia y Basauri, en Vizcaya. En ese periodo llegó a haber hasta 7.000 ekhis (cada unidad equivale a un euro) en circulación y el volumen total de operaciones en estos tres años ha sido de unos 30.000.

Ahora los Ekhi solo existen como moneda electrónica que se puede usar a través de cualquier teléfono y tableta, pero de manera experimental en 25 comercios hasta principios de 2017, cuando se volverá a abrir a todos los usuarios. Ya se pueden bajar las app para Android e IOS y el sistema funciona como un monedero electrónico que se recarga en los comercios asociados. El proyecto impulsa la economía del entorno y a los proyectos sociales porque los usuarios donan el 0,5% de su saldo medio del mes anterior, a la entidad que decidan. La asociación sin ánimo de lucro que la impulsa esta moneda está asociada a la cooperativa de consumo de energías renovables GoiEner.

Boniato, Madrid

Desde el 2013 en Madrid se pueda pagar en Boniatos, una moneda social complementaria promovida por el Mercado Social de Madrid (MES) que persigue el consumo responsable y fomentar una economía real, sostenible y justa por y para las personas. La equivalencia es de 1 boniato = 1 euro y sólo se puede usar entre las empresas que integran el Mercado Social de Madrid y existen varios métodos de pago con tarjeta, a través de la web o mediante una aplicación móvil.

El Boniato se crea y se destruye en función de la actividad económica que se dan entre las entidades y personas participantes. No produce intereses, no se acumula y por lo tanto elimina la posibilidad de especular con ella y favorece los intercambios internos. Debido a su escaso uso, en la actualidad, el Mercado Social está inmerso en un debate para reformular e impulsar la moneda social.

Res, Cataluña

El Res nació en 2012 para fomentar el comercio local de Girona. En la actualidad es una de las monedas con mayor implantación y a noviembre de 2016 contaba con unos 5000 comercios asociados y 1.000 consumidores de toda la provincia, y tan sólo en Girona capital se concentran 400 bares, restaurantes , hoteles y todo tipo de comercios locales donde se puede pagar con esta moneda local. La puesta en marcha de este sistema se hizo a través de una agrupación de PYMES y autónomos de locales, siguiendo el ejemplo de Bélgica, donde esta misma divisa alternativa funciona desde hace ya más de 20 años.

Demos.Las Palmas de Gran Canaria

El Demos (d) nació en la Asamblea del 15 M de La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria), con el objetivo de crear una moneda social que les permitiera no depender del sistema monetario oficial y crear comunidad. La moneda es electrónica y la comunidad celebra mercadillos físicos, los MercaDemos, que fomentan que las personas se conozcan. En la actualidad, 1.293 personas utilizan Demos en Las Palmas de Gran Canaria, Lanzarote y La Palma.

El Demos funciona en base al capital social de la red. Es una moneda basada en la confianza, es decir, se genera dinero de la nada porque las personas de la comunidad confían las unas en las otras. Todos sus integrantes tienen una cuenta en el que mensualmente reciben una renta básica, la cual se calcula cada mes en función del número de intercambios que haya realizado la comunidad. También aquellas personas que han aportado más de lo consumido reciben además de la renta básica una compensación y las que han consumido más de lo que han aportado, reciben la renta básica pero con una penalización.

Cristina Fuertes    La Manada

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