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20 de noviembre de 2014

"Milhistorias" de reinserción social y verduras ecológicas

Milhistorias es una empresa social de reinserción que se crea en 2004 con un objetivo muy claro: crear empleo para personas en riesgo de exclusión severa.


El mercado de las verduras ecológicas está en continuo crecimiento, cada vez son más las personas que demandan este tipo de productos. La agricultura respetuosa con el medio ambiente está sumando adeptos entre las personas que ven con claridad que la compra ecológica y local es una manera más responsable de consumir. Lo que no sería tan fácil de entender es cómo nuestras compras ecológicas pueden ayudar a que personas en riesgo de exclusión social se puedan reinsertar. Esto es posible y la explicación está en empresas como Milhistorias.

Milhistorias es una empresa social de reinserción que se crea en 2004 con un objetivo muy claro: crear empleo para personas en riesgo de exclusión severa. Después de un análisis de mercado, el estudio de otros factores y descartar algunas ideas y negocios, deciden empezar produciendo productos ecológicos. La aventura comenzó con una huerta en Brunete, donde personas en riesgo severo de exclusión aprendieron labores de la agricultura ecológica como parte de su proceso de reinserción en la sociedad.

En 2011 y tras un estudio de la situación y la viabilidad del proyecto deciden reinventar la empresa y se convierten en distribuidora de alimentos ecológicos, prestando más atención a la relación con el cliente y a la distribución del producto, creando mayores vínculos con los consumidores sin dejar de lado las alianzas con los productores, “El proceso fue difícil y nos costó cerca de dos años de mucha formación que esos mismos empleados, que buscaban su inserción en el trabajo de la huerta, ahora fueran trabajadores de oficina”, explica Laura Pérez, gerente de Milhistorias, “Las personas que responden el teléfono, envían un email o reparten la verdura vienen todas de una situación de exclusión social”.

La ley exige a las empresa de reinserción que al menos el 50% de los trabajadores sean personas en riesgo de exclusión pero Milhistorias se marca una meta mucho mayor y actualmente el 80% de la plantilla procede de una situación de exclusión social severa.

Contratos laborales

Otra de las características de las empresas de reinserción laboral es la que concierne a la duración de los contratos laborales, ya que estos no pueden ser menores de 6 meses ni mayores de 3 años. Durante ese tiempo el trabajador es formado y acompañado. Pasado el periodo se les hace un seguimiento, se ponen a su disposición orientadores laborales y programas de reinserción, ya que Milhistorias mantiene acuerdos con otras empresas para buscar una salida laboral que les ofrezca continuidad.

Pero la formación y el acompañamiento que ofrece Milhistorias va más allá de lo laboral o de las competencias, ya que se le ayuda en la recuperación de sus habilidades sociales y, lo que es aún más importante, a recuperar el contacto con sus familias y redes sociales, “en las personas sin hogar hay un problema de desempleo y de vivienda, pero no suele ser el problema principal. En la recuperación de los círculos sociales está la clave de su reinserción”, explica Laura, por lo que la labor no es sólo de orientadores laborales, sino que necesitan un técnico de intervención social que acompañe a la persona en el proceso.

La incesante labor de buscar oportunidades de creación de empleo para este colectivo los llevó a explorar en 2010 una nueva línea de negocio de servicios de limpieza gracias a un par de empresas que les brindaron la posibilidad, “no es nuestro fuerte, la gente nos conoce por los productos ecológicos, pero nos dio la oportunidad de crear empleo y la aprovechamos”.

Tanto Milhistorias como las empresas que contratan a este colectivo en riesgo de exclusión reciben ayudas por parte del Estado, aunque son escasas y menores comparadas con otro tipo de ayudas. “A una empresa le sale más rentable contratar a un mayor de 45 años o a una persona con una discapacidad que contratar a una persona en riesgo de exclusión social”, lamenta Laura. Además estas ayudas exigen a empresas como Milhistorias tener técnicos de acompañamiento, que sale mucho más costoso que recibir la ayuda, por lo que ellos apuestan por ser rentables y viables por ellos mismos sin ser dependientes de subvenciones externas.

Preguntados por el actual mercado ecológico explican que en los últimos años hemos presenciado un crecimiento de un 10% anual, pero también ha aumentado mucho la competencia, “antes tenías que coger tres o cuatro paradas de metro para ir a comprar a una tienda ecológica, ahora tienes una debajo de casa y eso nos ha afectado”.

Todo ello dificulta la labor y la viabilidad de este tipo de empresas, sobre todo en una época en la que conseguir un empleo o sobrevivir siendo una pequeña empresa se dificulta tanto, aunque a base de duro trabajo y esfuerzo están consiguiendo sacar adelante no sólo un proyecto empresarial, sino las vidas de muchas personas que parecían no tener o merecer otra oportunidad.

Si queréis conocer algo más sobre este proyecto o sobre su oferta de verduras ecológicas podéis visitar la web de Milhistorias.

Yago Álvarez  

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