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La cultura maker como palanca de cambio

23 de mayo de 2016

Makers, espacios y herramientas para cambiarlo todo

La economía colaborativa somos las personas, que podemos consumir de otra manera y, además, podemos financiarnos y financiar hasta tal punto de hacer temblar a la banca, que no siempre gana. Ahora toca ver cómo la producción colaborativa es algo más que herramientas y un local para fabricar cosas.


Makers, espacios y herramientas para cambiarlo todo

Cultura Maker

Según Nacho Mas, conector de OuiShare España en Valencia y experto en este movimiento, la cultura maker representa una evolución a partir del concepto ‘do it yourself’ hacia ‘do it with others’, de forma que la colaboración entre personas es primordial para desarrollar esta forma de entender la vida.

Nos dice el experto que los makers prefieren lo abierto a lo cerrado, trabajar sin normas a hacerlo con las reglas impuestas por las multinacionales, el conocimiento abierto a las patentes.

Los makers - continúa - quieren cambiar el mundo a través de la tecnología, creándola y compartiéndola para que sea accesible y cercana a todos, para que la gente la entienda y la utilice. Utilizan la tecnología como medio para conseguir un mundo más justo y más honesto, que una a las personas y rompa las barreras de la distancia y de la comunicación.

En resumen, se trata de construir redes de colaboración que, haciendo uso de herramientas comunes en un espacio compartido, crean proyectos sostenibles y abiertos de una manera diferente.

Cultura de lo libre

El hardware libre ha sido una de las palancas sobre las que estos movimientos han comenzado a popularizarse en cualquier rincón del mundo. Mientras la industria de hardware tradicional se basa en el valor de sus patentes, los creadores de hardware libre establecen los parámetros de fabricación de dispositivos físicos y los liberan para que estén disponibles para toda la comunidad de desarrolladores.

El mejor ejemplo son las placas de Arduino - comenta el conector de OuiShare - que están a nuestra disposición bajo licencia Creative Commons. Las impresoras 3D también cuentan con patrones abiertos, lo que nos permite hacernos una idea de por qué se están popularizando tanto en los últimos tiempos y cómo nos estamos adentrando en un gran cambio tecnológico.

Un poco de historia

Estados Unidos es el país con mayor tradición en cultura maker. Allí se creó en el MIT el primer FabLab, que ahora es una red global y cooperativa de laboratorios de fabricación que proporcionan acceso abierto a medios modernos de invención. En la actualidad existen 665 FabLabs repartidos por todo el mundo.

La denominación Maker le fue dada por Dale Dougherty. El creador de la primera web con publicidad, fundó en 2005 una revista que sirvió para poner nombre a los apasionados del hardware libre. Diez años han pasado del primer Maker Faire, el festival que une ya a los artesanos digitales de todo el mundo. Solo el año pasado se celebraron 150 eventos, al menos cuatro de ellos en España.

Y dentro de nuestras fronteras

España ocupa el 5º lugar en número de FabLabs

España ocupa el 5º lugar en número de FabLabs, con cifras similares de países como Alemania o Reino Unido. Además, recientemente, un equipo de estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia, ‘Makers UPV’, resultó ganador en las categorías Diseño General y Propulsión de la competición ‘SpaceX’s Hyperloop Design Weekend’ celebrada en Texas (USA).

Café y mucho más

En 2014 se abrió en España el primer Fabcafé de Europa - tercero en el mundo -. En la actualidad, contamos en nuestras fronteras con dos cafeterías que ofrecen algo de beber y comer y mucho para hacer mediante impresoras 3D o cortadoras láser. Si la primera se instalaba en Barcelona, en el espacio de coworking MOB, en diciembre de 2015 se inauguró el segundo en Madrid, dentro del espacio de coworking Utopic_US.

La ciudadanía tiene así otras opciones para hacer uso de herramientas, sin tener que adquirirlas y pagando sólo por el uso que le dan. Además, como toda tecnología, requiere de un mínimo de formación para darle un uso correcto y seguro y sacar provecho de todo el potencial que permite. Es por eso que estos espacios suelen ofrecer cursos y talleres, tanto para adultos como para niños

MakeSpace Madrid

Otro buen ejemplo en la capital es el MakeSpace. Aprovechando el día abierto que ofrecen semanalmente los martes a partir de las 19h., les pedí que me contaran su historia y su presente.

Tres años llevan de andadura. Muchos días y muchas personas han pasado desde que ese antiguo taller mecánico se ha visto transformado en un espacio de creación totalmente colaborativa, donde se reflejan perfectamente los valores que acompañan a esta economía ciudadana.

La asociación que aglutina a sus miembros se encarga de manera distribuida de todos los procesos necesarios para el funcionamiento del local. Son autosostenibles - mediante cuotas mensuales - y totalmente horizontales en cuanto a cómo están organizados.

Las setenta personas, que iniciaron el proyecto en busca de un sitio para trabajar de manera independiente, comenzaron sin nada y, mediante donaciones y creaciones propias, ahora cuentan con varias impresoras 3D, fresadoras, cortadoras láser, sierra circular y escáner 3D. En palabras de César, uno de sus miembros desde los inicios, fueron fabricando las herramientas según iba surgiendo la necesidad. Esa fabricación propia es posible gracias al reciclaje de piezas, con las que construyen otras máquinas favoreciendo, de este modo, una economía más circular y con menos residuos.

Continúan siendo entre sesenta y setenta miembros, aunque con rotación de los mismos. El perfil es muy variado; encontramos ingenieros, arquitectos, informáticos, creativos, jubilados, profesores, curiosos con ganas de aprender...todos con el propósito en común de crear cosas y compartir conocimiento. Trabajan por proyectos a través de grupos de trabajo sobre temáticas variadas: desde crear y hacer volar drones, hasta fabricar impresoras 3D, pasando por la impresión de obras a través de las mismas.

Comparten su conocimiento mediante talleres y cursos que los miembros se ofrecen entre sí. Es la manera que tienen de equilibrar la formación en cuestiones tan importantes como la seguridad y cuestiones técnicas para las personas que se inician.

Todas estas cuestiones esenciales vienen completadas, a su vez, con el “Manual de supervivencia Maker” que crearon algunos de sus miembros. Libro que fue financiado a través de una campaña de crowdfunding.

Por último, si te interesa el movimiento maker y quieres saber más, puedes pasarte cualquier martes a partir de las 19h., visitar su web, o bien escuchar a César vía podcast en “La hora Maker”.

Cultura offline

Tanto en los espacios Makers, Fablabs o FabCafés, la principal característica es que esta economía colaborativa, que muchas veces se mimetiza con lo digital y parece que crea conexiones únicamente basadas en la red, deja de un lado los smartphones y crea conexiones físicas entre personas. Esos espacios, las impresoras 3D y las cortadoras láser toman el papel de las plataformas y se vuelven los medios para que las personas conectemos, colaboremos y creemos cosas juntas.

Pako Rodriguez    OuiShare