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El Blog del Noble Gallo Beneventano

Cierre del “café comercial”, el más viejo de madrid

11 de agosto de 2015
Javier Cortines  

Las campanas ya no doblan, ahora se doblan los billetes

El Café Comercial, el más viejo de Madrid, se cerró la mañana del 27 de julio, y sus diecinueve empleados, a los que se comunicó en un pispás que se quedaban sin trabajo, fueron desahuciados por la calculadora caníbal que rige los mercados y que sólo entiende de números, especulación y enriquecimiento rápido.


Las campanas ya no doblan, ahora se doblan los billetes
juanphotomad cc  

Poco antes de la clausura pasé una noche por el café, fundado en 1887, y abracé a los camareros camaradas, portavoces de miles de personas y voces que habitaron, década tras década, “su salón de los espejos”, salón que ahora parece un pedazo agrietado del Titanic que, tras chocar contra “el iceberg Bancaraña”, se hunde en un océano de asfalto.

“Un día antes de su investidura, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, estuvo sentada en aquella mesa”, me comentó Juan Bohigues [1] señalándome un rincón.

Juan, que ha trabajado veinticinco años en El Comercial, -la mitad de su vida- añadió que había terminado un libro de relatos, “Henry Miller en el Metro”, en el que narra sus incursiones por las “tripas y la venas” de Madrid y nos recuerda que nada es lo que parece, que detrás de cualquier puerta “no oficial” hay mundos desgarradores y fascinantes.

Luego me enseñó los cientos de libros colocados en la larga repisa que hay entre los asientos y los espejos. Me dijo que era “una biblioteca gratuita” donde la gente cogía y ponía las obras que quería. Me quedé, como recuerdo, con “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson y prometí dejar otro.

Se une a nosotros “otro camarero” Fernando Moncada, hombre elegante y vital que lleva la cabeza afeitada. Le gusta la literatura, en general, y la filosofía alemana, en particular. Me habla de “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer. La charla se hace interesante y me siento en “la verdadera universidad de la vida”.

Esta conversación ocurrió el 20 de julio. Faltaban muy pocas jornadas para que llegara la “Luna Azul” [2] y con ella la noticia de que moriría, debido “al cansancio físico y mental” de los dueños [3], un trozo del corazón de Madrid y del barrio de Malasaña.

Siempre me dio mala espina el cercano edificio de seguros “OCASO”, cuyo enorme SOL apagado y sus mortecinas letras de neón se incrustaban, como la estrella de la muerte de “la Guerra de las Galaxias”, en el cielo grisazul de la Glorieta de Bilbao.

A la mañana siguiente, pasé otra vez por allí y -antes de regresar a mi casa de Cartagena- me encuentro con Felipe Majano, el más veterano de todos los camareros. [4] Tiene sesenta y un años y llevaba trabajando treinta y seis en El Café Comercial.

- El otro día vino por aquí Nassir [5] recién llegado de Siria– me dijo Felipe tras intercambiar abrazos y novedades acerca de nuestras vidas.
- ¿Y qué le dijiste? Le pregunto.
- ¡Qué sorpresa, estás vivo! ¡Me imaginaba lo peor! [6]

- Si vuelves a verle, dile que me llame, quiero hablar con él- le indico.

Antes de salir del Comercial, me despido de la sempiterna camarera de la barra, Teresa. Conozco a esa mujer desde cuando era una cría. Es valiente, enérgica, espartana. En Grecia hubiera sido amazona, o hubiera servido de modelo para un busto de Atenea, la diosa de la Acrópolis que protege a la ciudad que deslumbró al mundo.

Una semana después, se cierra, sin previo aviso, “el salón de los espejos”. Me llegan correos “urgentes” informándome de lo sucedido. Los que hicimos de ese “ágora romántica” nuestro “Café Rick´s”, parte de nuestra casa, sabemos qué significa ese sentimiento que llamamos “Café Comercial”. Conocemos el vacío que se siente cuando los agiotistas convierten un teatro en un McDonald´S o una oficina del BBVA.

De ese vacío sabían mucho los exiliados españoles que, tras perder la guerra civil y sobrevivir décadas en el extranjero, regresaron a España y no encontraron ninguno de “los refugios” donde se reunían con amigos y amantes. Todos los lugares-hogares habían desaparecido. El rostro de su ciudad, deformado, era irreconocible. Eso a Goya tal vez le inspiraría un cuatro titulado “el ladrillo devorando las huellas de la historia”.

A mi regreso a Cartagena, paseo por el casco histórico y veo el Gran Hotel [7], que fue el edificio modernista más importante de la región. Los gusanos-mercaderes devoraron su interior y sólo queda la fachada. La planta baja fue fagocitada por el Banco de Murcia.

Avanzo por la calle mayor y me topo con el “Deutsche Bank” que desde 2013 ocupa el espacio de la legendaria “Librería Escarabajal” que, fundada en 1888, fue la segunda más antigua de España. A ese banco alemán, sólo le falta, para aumentar su atractivo, una efigie con cuello de Angela Merkel.

Al final me detengo en el Café Columbus, fundado en 1932, donde todos los días leo y escribo un par de horas. El dueño, Félix Sánchez, me dice que en una de las mesas del salón, el escritor Arturo Pérez Reverte (cartagenero) escribió su “Capitán Alatriste”.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Baneventano para recordarnos que ya no doblan las campanas cuando la banca y sus acólitos carbonizan el legado histórico y mancillan la belleza. Ahora sólo se doblan los billetes y, como dice el juglar [8], cuando algo hermoso desaparece, está mal visto llorar.

Javier Cortines    Nilo Homérico

Notas

[1Juan, “el camarero”, es periodista, actor y guionista, entre otras cosas.

[2El 31 de julio llegó la “Luna Azul”, que es la segunda luna llena que se produce en un mes. La primera fue el 2 de julio. Ese fenómeno no se repetirá hasta el 31 enero de 2018.

[3Los dueños alegaron “cansancio físico y mental”, lo que calificó de “pamplinas” Juan, para cerrar.

[4Mi agradecimiento a todos los empleados y camareros que conocí durante décadas en el Café Comercial. En especial, al “patriarca” Gaspar, de pelo blanco y plateado, que siempre me ponía copas de brandy (con dosis doble o triple), hasta que se cerraba el salón por las noches.

[5Amigo sirio a quien no veo desde hace una década. Huyó de su país en el década de los ochenta del siglo pasado, ya que era objetor de conciencia y no quería hacer un vejatorio servicio militar de tres años bajo la dictadura de Hafez al-Asad. En Madrid trabajaba de taxista. Hace cuatro años fue a su país a ver a su madre y le pilló la guerra.

[6La guerra de Siria, que va por su cuarto año, ha dejado ya más de 310. 000 muertos; un millón y medio de heridos; 3,2 millones de refugiados y 7,6 millones de desplazados dentro del país.

[7Fue construido por el arquitecto Víctor Beltrí entre 1907 y 1917.

[8Joaquín Sabina.