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Artículos creados para romperse pronto

24 de abril de 2015

¿Existe la obsolescencia programada?

Se me ha roto la impresora de casa. No se me ha caído al suelo ni le he derramado vino por encima ni nada de eso: simplemente ha dejado de funcionar. Así, sin más. Un infarto electrónico.

Pensando que aún estaba en garantía, he buscado sin muchas esperanzas el tique de compra y milagrosamente lo he encontrado. Fecha de adquisición: agosto de 2012. Mentalmente hago la siguiente y complejísima operación: «agosto de 2013, agosto de 2014… ¡Mierda!». Han pasado más de dos años, ya no está en garantía.


¿Existe la obsolescencia programada?

He ido a la tienda donde la compré y les he comentado lo que le ocurre, el mensaje de error que da al intentar transmutar las palabras por segunda vez (de la cabeza al ordenador, del ordenador al papel). Los del servicio técnico me han dicho: «podrías traerla para que la reparemos, pero no merece la pena, te va a salir por lo mismo que comprarte una nueva» (me costó 40 euros). Otro trabajador del mismo departamento me asegura, con cierto tono de confidencia: «las hacen así, las fabrican para que se rompan y las tengas que cambiar por otra». Antes se reparaban las cosas, ahora nunca compensa, sea un par de calcetines o un microondas. ¿Imagináis que confeccionaran la ropa de forma que no se pudiera lavar, que cada vez que se ensuciara hubiera que desecharla? Pero no demos ideas.

De vuelta a casa, con la inútil impresora a mi lado, me estoy acordando de un documental que vi hace uno años cuyo título era Comprar, tirar, comprar, y del que ya se ha escrito en El Salmón. En él se defiende que los fabricantes no buscan hacer un producto duradero, con una buena relación calidad-precio, sino todo lo contrario, lo prefieren endeble para vender más. Nosotros creemos adquirir algo barato, pero ¿es así? ¿Cuántas porquerías de efímera existencia compraremos cincuenta mil veces a lo largo de nuestra vida? ¿No sería más rentable algo fiable, que siguiera sirviéndonos dentro de muchos años, aunque el desembolso inicial fuese mayor?

Entre otros, en el documental se pone el ejemplo de las bombillas de antes, ya sabéis: esas cuyo frágil filamento se rompe si las agitas, y si no, al cabo de un tiempo se «funde». O de las medias: las mujeres, y también los hombres que las hayáis retirado de las piernas de sus propietarias con prisa, como niños arrancando el papel de regalo, conocéis perfectamente lo delicadas que son. Según el documental, tanto bombillas como medias podrían ser mucho más resistentes, pero el beneficio para las empresas se reduciría, así que decidieron hacerlas de peor calidad a propósito. También se habla de coches, teléfonos móviles… Y es verdad, ya no fabrican coches que puedas legarles orgullosamente a tus nietos, al revés, los telediarios y la DGT nos alarman: hay coches en la calle con más de diez años. ¡Oh! Terror y locura. Oigan, y ¿no deberían poner en circulación vehículos que no tuvieran que cambiarse «por seguridad» con tanta frecuencia? Porque si te gastas, pongamos 15.000 euros en un coche del que has de prescindir a los cinco años, resulta que cada año conduciéndolo te ha salido por 3.000 euros, eso sin contar reparaciones y revisiones. En un país donde el salario mínimo no llega a los 650 euros mensuales, ¿no resulta excesivo?

Pero me acordé de este documental precisamente por la parte en la que se refieren a las impresoras. Aseguran que las de ciertas marcas están programadas para dejar de funcionar a partir de un determinado número de copias, e incluso citan un tutorial para desactivar ese bloqueo programado (lo que escapa a mis nulos conocimientos informáticos).

Aunque no con este nombre, ya había oído hablar de la obsolescencia programada antes del citado documental, y casi siempre despectivamente. Es muy fácil ridiculizar todo lo que se salga de la doctrina del sistema. Si nos dicen que no existe, es que no existe, y todo el que ponga en duda el dogma es un conspiranoico, jaja, qué tonto y qué listos somos nosotros. Eso de que hacen las cosas para que se rompan es un mito que sólo se creen los magufos.

Pues aquí os dejo una noticia de octubre de FACUA, que no es gente que vaya con un cucurucho de papel albal en la cabeza. Y como podéis leer, el gobierno francés está tomando cartas en el asunto.
Por otra parte, el yerno de Marx ya hablaba del asunto en 1880:

En nuestras regiones laneras se deshilachan trapos manchados y medio podridos para convertirlos en los llamados paños renacidos que duran tanto como las promesas electorales. En Lyon, en lugar de la fibra de seda natural simple y pura, se le agregan sales minerales que aumentan su peso y hacen que se desmenuce y sea poco duradera. Todos nuestros productos son adulterados con el fin de facilitar su salida y reducir su duración. Nuestra época será conocida como la era de la falsificación.

El derecho a la pereza, Paul Lafargue. 

Volviendo a este siglo, Podemos, Equo e Izquierda Unida proponían en sus programas para las europeas tomar medidas con el fin de solucionar el problema de la obsolescencia programada.

No obstante, sigue habiendo voces autorizadas que niegan la mayor. Ahí os enlazo al artículo de Naukas, y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Para mí, independientemente de los ejemplos concretos del documental, la obsolescencia programada cuadra muy bien con los modos del capitalismo. Si es cierto que fabrican productos con la idea de que se estropeen pronto, me parece aberrante, el colmo de la indecencia, una total falta de escrúpulos y responsabilidad. Si el capitalismo es insostenible por definición (el uso masivo del plástico, por ejemplo, aunque cada vaso que desechas en una oficina tarde en degradarse cientos de años; o el último modelo de móvil que sacan al mercado para que millones de usuarios tiren inmediatamente el suyo, que ha quedado obsoleto, y los japoneses hagan largas colas para comprarse otro casi idéntico al del año anterior), si aparte del error de planteamiento de un sistema que necesita de un eterno crecimiento con su consiguiente aumento de residuos en un mundo con recursos finitos y contaminado por tierra, mar y aire; un sistema que no se ocupa de cubrir las necesidades de las personas, sino de crearles nuevas; un sistema que ha convencido a la mayoría de sus engranajes de que ir de compras es una actividad de ocio… Si además de todo esto y mucho más, llevan a cabo ese tipo de sucias prácticas, nuestros descendientes están condenados. Aunque oye, igual pueden comprarse otro planeta.

Salva Solano Salmerón    Vota y Calla

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3 Mensajes
  • Israelita 24 de octubre de 2016
    21:48

    En lo que respecta a los objetos electrónicos, lo que pasa es que sus componentes eléctricos, sobre todo los no lineales ( led, transistores, integrados.) están hechos de un sustrato que se deteriora con el paso de corriente, temperatura, humedad, etc. Claro que hay distintos tipos de sustrato, con sus respectivos enriquecimientos, y es obvio que cuanto peor son, más baratos. Y ese "tiempo de vida" de los componentes de la impresora es lo que sus fabricantes utilizan para fijar el período de garantía. Suerte, saludos.

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  • nestor 10 de julio
    21:39

    Nada de sorpresas, siempre ha sido el afán de lucro lo que ha movido la industria y el comercio, desde siempre,
    pero qué otra cosa se puede esperar de este homínido?.Hoy cuando el sistema está entrando en una etapa de crisis a la que no se le ve el fin, pues el único seguro es el fin de la especie sino se cambia el trato a la naturaleza y a los prójimos.Será difícil pues últimos descubrimientos con el ADN confirman que no ha cambiado desde nuestros ancestros los Neandertal.

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