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Reglamento de Primarias en Podemos

2 de julio de 2015

Contener la marea

Podemos se ha propuesto contener la marea. Ni los métodos ganadores de las candidaturas municipalistas más potentes –como, por ejemplo, el de Ahora Madrid– ni sus tibios resultados en las autonómicas han persuadido a la dirección del partido


Contener la marea
Pablo Iglesias, durante intervención en la asamblea fundacional del partido//Jairo Vargas Martín  

El reglamento de primarias para las generales está puntillosamente diseñado para contener cualquier tipo de desbordamiento. Lejos de innovar y aprender de otras apuestas, insiste en el control, la verticalidad y el centralismo heredero de Vistalegre. La máxima que precede al mismo, por cierto, tampoco es nueva: la “urgencia”. Después de haberlo leído, la cuestión más inmediata que surge es ¿y con esto se quiere ganar?

Aparecen de nuevo las polémicas y excluyentes listas plancha, pero a ello hay que sumarle unas primarias para la Presidencia y la lista del Congreso con circunscripción única estatal, sin importar que en las generales se vote a los diputados por circunscripción provincial. Habrá, según se ha dicho, cierta “corrección territorial”. Es decir, habrá pactos con otras formaciones para cohesionar las listas en algunos territorios y, “de manera excepcional”, se “corregirá” el orden de los resultados. Las primarias al Senado se harán por circunscripción autonómica, no provincial e insular, como sucede en los comicios reales. Nos encontraremos con que serán los candidatos más votados en primarias quienes elijan la provincia por la que se presentan al Congreso, y no los electores quienes puedan elegir directamente a sus candidatos provinciales en las primarias. Un método cuanto menos contradictorio, si no desastroso en términos territoriales.

Cuando diversas personas impulsamos el manifiesto Abriendo Podemos, teníamos claro que lo esencial para concurrir a las Elecciones Generales era el debate, la discusión colectiva entre los agentes que buscan dejar atrás el Régimen del 78 y la austeridad. Además, tras el 24M se habían probado con éxito nuevas dinámicas y modelos organizativos, modelos que generaban un consenso político y un grado de capilaridad social mayor que el de Podemos. Las candidaturas municipalistas más sólidas lograron aglutinar votantes y proyectos diferentes, construyendo herramientas políticas virtuosas para disputar muchas ciudades. Las lógicas de la cooperación y la pluralidad prevalecieron a las de la competencia: lo importante era poner el acento en “lo común”, utilizando las diferencias para sumar e incluso multiplicar. En el caso de las elecciones estatales, no se trataba de replicar estrategias de manera mecánica en otra escala, pero sí de aprender y –sobre todo– dialogar con las bases del partido, la ciudadanía y los movimientos. Mantener un diálogo a la altura de unos comicios tan decisivos.

Al final, nos encontramos con una apuesta unilateral de la dirección que, si bien no copará la lista al Congreso –escenificando así un sucedáneo de pluralidad–, tendrá un férreo control sobre el proceso y sobradas ventajas contra cualquier lista alternativa. De hecho, más que elecciones primarias deberían llamarse “plebiscitarias”. A estas alturas todo el mundo debería saber que la anhelada “unidad popular” no se construye a golpe de plancha, verticalismo y exclusión ¿Hace falta recordar los conflictos existentes entre Círculos y Consejos gracias a promover la competencia entre colectivos? ¿No tenemos suficiente con su vaciamiento y desilusión actuales? ¿Hace falta señalar, de nuevo, la caída general en la participación interna? ¿Volver a desencantar a las bases y a numerosos inscritos es la forma de generar “cohesión” y unos mínimos de “capilaridad” hacia las generales? ¿Quién va a poner el cuerpo por un proyecto por el que lucha a día a día y en el que no puede sentirse representado? ¿Quién va a movilizarse por un partido con tan poca distribución de poderes y tanta acumulación de cargos en unas pocas personas? Así, desde luego, no se construye un “proyecto de país”.

Lo cierto es que no se está a la altura de una población que desea –y necesita– una unidad popular real: esto es, plural, participada y eficaz, construida desde abajo. Dentro y fuera de Podemos hay múltiples voces que claman por esa unidad que desborda los cálculos de la dirección del partido. Son necesarios métodos que aseguren proporcionalidad y representación, que implementen la participación y un modelo de primarias capaz de desbordar en los comicios estatales. No se puede decir que “las puertas están abiertas a todo el mundo” cuando en la práctica se cierran salvo para unos pocos. De ser así estaremos ante un mero recambio de élites, no ante la articulación de un proyecto que pueda ser asumido como suyo por las mayorías sociales. Podemos debe decidir si quiere contener la marea –haciendo de tapón– o quiere convertirse en su parte más virtuosa, construyendo un marco democrático que permita dar forma a algo mucho más grande y potente. Si no se rectifica ahora, lo pagaremos todas y todos.

Mejor subirse a la ola a tiempo que naufragar en unos resultados más que previsibles.

Mario Espinoza Pino    Abriendo Podemos