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Entrevista a Marcelo Oliveira, de "Justicia Fiscal Brasil"

9 de mayo de 2016

"Con los paraísos fiscales se acaba con voluntad política"

Marcelo Oliveira ha sido inspector de Hacienda en Brasil durante 15 años. Durante este tiempo ha fundado además el Instituto de Justicia Fiscal de Brasil, una institución que funciona íntegramente con voluntarios -más de 150- dedicada a analizar y retar el sistema fiscal existente, sus consecuencias sobre la distribución de la riqueza y cómo afecta a los más pobres de Brasil. Marcelo está de visita en Europa como parte del "Tax Tour" que ha organizado Oxfam Intermon como parte de su campaña "No al escaqueo" con activistas de varios países con la intención de intercambiar experiencias de lucha a favor de una fiscalidad global justa.


"Con los paraísos fiscales se acaba con voluntad política"

Uno de los argumentos liberales suele defender que la desigualdad y la injusticia fiscal es una necesidad para que un país en vías de desarrollo consiga emerger y desarrollarse

Estados Unidos tuvo su mayor crecimiento cuando el Estado empezó a gravar a los ricos. El “New Deal” se pudo hacer gracias a que los ricos contribuyeron en mayor medida y el Gobierno pudo hacer una política de gasto que facilitó el crecimiento.

Además, el gasto de las rentas bajas produce un mayor efecto sobre la economía que la de los ricos, ya que en muchas ocasiones el dinero de las rentas altas se usa para generar más capital mediante la financiación de los estados o la economía especulativa. O en muchos casos ese dinero acaba en los paraísos fiscales donde una nube financiera abstrae ese dinero de la economía real.

¿Son esos paraísos fiscales el primer problema para conseguir una fiscalidad que acabe con las desigualdades a nivel mundial?

Efectivamente. Son el gran mecanismo por el que escapan las rentas tributarias de los países. Después de 2008, tras la crisis financiera, había necesidad de que las naciones hicieran inversiones para reactivar la economía, pero nos encontramos con que los países no tenían dinero. Gran parte de ese dinero se encuentra en paraísos fiscales, pero la cosa es mucho peor ya que ese dinero proviene en su gran mayoría de ganancias no tributadas.

Más del 65% del comercio internacional es intracompañias. Las empresas se distribuyen por los países buscando las ventajas y bajadas fiscales según el país. Cada vez que cruzan las fronteras pueden pasar la transacción por un paraíso fiscal y pueden dejar el beneficio de esas transferencias en un paraíso fiscal mientras las otras ramas de esa misma empresa declaran pérdidas en el resto de países, así eluden pagar impuestos.

Y la pérdida del ingreso fiscal no es la única consecuencia de esta evasión fiscal, también nos encontramos con que se crea una mayor presión sobre las rentas del trabajo y sobre el trabajador que se ve obligado a aceptar condiciones laborales cada vez peores.

¿Qué necesitamos para acabar con los paraísos fiscales?

La primera condición es la voluntad política. Los políticos se tienen que sentir presionados, pero el problema es ver quién controla a esos políticos. Si son los capitales financieros quienes los controlan, estos seguirán legislando para que sigan existiendo estos paraísos fiscales.

Una vez exista esa determinación y voluntad política se podrían tomar medidas concretas que podrían ayudar a luchar contra los paraísos fiscales.

¿Cuales podrían ser esas medidas?

Algunas de las propuestas que hemos planteado son crear un forma de declaración o informe país por país. Por ejemplo, una gran empresa con filiales en varios países como el BBVA, declara ganancias y pérdidas en las haciendas públicas de cada país, según les convenga fiscalmente. Deberíamos realizar una declaración de ganancias conjunta para poder ver en que países se declara los beneficios y si correspondería pagar impuestos donde la empresa quiere y donde su ingeniería fiscal lo ha determinado o donde realmente correspondería. De esta manera obligaríamos a las empresas a funcionar de una manera más transparente y una mayor responsabilidad social corporativa. Es algo complejo, que no haría cambiar las cosas de un año a otro, pero sí que sería un primer paso.

"El argumento de que hacen falta ricos y desigualdad para crecer es altamente ideológico y no económico"

Una segunda propuesta sería crear herramientas para conocer quiénes son los verdaderos beneficiarios de estas empresas. Los abogados son muy ingeniosos y son capaces de esconder los verdaderos propietarios de las compañías mediante empresas pantalla, paraísos fiscales, testaferros y un largo entramado que convierte la propiedad de las empresas en una compleja tela de araña que imposibilita saber quiénes son las personas propietarias. Necesitamos saber quiénes son esas personas.

La tercera propuesta sería un sistema automático de intercambio información entre países para que las administraciones y haciendas de estos tengan una fiel información de cuales son los beneficios y rentas que deben tributarse. El dónde pagas es otro tema -¿pagas dónde vives o dónde produces?- pero si los dos países tienen la información, esa renta pagará impuestos allí o aquí.

Estas tres medidas, que no son difíciles de implantar a nivel mundial, podrían cambiar las cosas de una manera bastante importante.

¿Qué es el Instituto de Justicia Fiscal de Brasil?

Justicia Fiscal es una organización que creamos hace unos años con la intención de formar una conciencia social sobre nuestro sistema fiscal. Nosotros pensamos que el sistema fiscal, el dinero público -desde la recaudación, el control, el ingreso, el gasto y la transparencia- debe ser un instrumento público para acabar con la desigualdad social y regional. Me refiero a que el impacto de esa recaudación debe tener un impacto de distribución de renta y servir como herramienta para la población.

¿Que resultados habéis obtenido con vuestras campañas?

Desde que empezamos hemos conseguido que las personas ya hablen sobre el concepto de “justicia fiscal”, lo cual es un gran avance ya que hace 10 años nadie hablaba sobre este concepto. Sobre todo en el ambiente universitario, ya que estas personas empiezan a demandar a los gobiernos este tipo de justicia y a reproducir esa idea hasta instaurarla en el vocabulario de la gente.

Yo soy inspector fiscal en Brasil y puedo ver como la gran mayoría de mis compañeros piensan en la cantidad de dinero que recaudamos, pero no en a quién recaudamos. No se piensa en si los impuestos que cobramos van a tener un efecto positivo sobre la población o si simplemente van a aumentar la tremenda desigualdad social que sufrimos en nuestro país.

¿Cómo se intentan conseguir?

Desde Justicia Fiscal hemos desarrollado oficinas de información y cursos sobre esta temática. Estos cursos han ido orientado en su mayor parte a estudiantes, ya que estos son los que tendrán un mayor impacto en el futuro del país. Debemos introducir ideas alternativas a la ideología imperante de que el mercado lo domina todo para enseñar que el dinero público de un país debe ser para el bien social y la principal herramienta para conseguirlo.

"Los paraísos fiscales son el mecanismo por el que escapan las rentas de los países"

También realizamos cursos para los lideres de los trabajadores y líderes comunitarios. Con ellos trabajamos el concepto de la justicia fiscal para que piensen en los impuestos como algo más que una simple obligación. Intentamos introducir el debate sobre por qué pagan, quién y cuánto pagan y sobre la distribución de la carga fiscal.

¿Cuales son las consecuencias de una fiscalidad regresiva e injusta en un país como Brasil?

La estructura fiscal brasileña es altamente regresiva. La carga tributaria es mucho mayor sobre las rentas bajas del país. Esto no lo decimos nosotros, tenemos estudios del Instituto de Economía del Gobierno Federal sobre lo que significan los impuestos sobre las rentas de las personas en Brasil.

En 2008, las personas que tenían un salario equivalente al doble del salario mínimo tenían una carga impositiva del 53% si tenemos en cuenta los impuestos sobre la renta y les sumamos impuestos como el IVA, el de la gasolina o el de algunos alimentos. Este mismo estudio demostraba que las personas que tenían un salario de 30 veces el salario mínimo tenían una carga del 29%. Esto se debe a que tenemos un sistema tributario cimentado sobre impuestos indirectos. Este sistema no está hecho por error, es una maquinaria encargada de crear y profundizar las inmensas desigualdades sociales de nuestro país y se podría cambiar con voluntad política.

Durante muchos años se han hecho programas de gasto, medidas compensatorias, pero no se ha hecho un programa tributario progresivo. Si hiciéramos un sistema tributario justo no haría falta gastar tanto en programas de gasto que lo único que hacen es compensar lo pobres que son esas personas. Disminuiríamos nuestro gasto social compensatorio o lo podríamos enfocar de una manera más efectiva con programas de desarrollo social.

Se nos vende a Brasil como uno de los países emergentes con un mayor potencial, pero vemos en cifras que es uno de los países con una mayor desigualdad

Desde que está Lula los índices de Gini, los que tratan la desigualdad, han mejorado un poco, pero no tanto como deseamos. Las clases trabajadoras han desarrollado un mejor nivel de consumo. El Gobierno ha tenido políticas para incentivar los estudios universitarios, mejoras en el sistema de salud, medicamentos, etc. Esperamos que estos indicadores sigan creciendo y mejorando, pero ocurre que los ricos han crecido en mayor proporción que la gente que ha conseguido salir de la pobreza, y ya que los pobres son muchos más en nuestro país la diferencia se nota mucho más.

Los ricos no sólo han crecido en sus ingresos sino en su cantidad. El caso de los helicópteros en Sao Paulo y el resto del país es bastante significativo. Si tienes un coche pagas impuestos, pero si tienes un yate o un avión privado no los pagas. Es un claro ejemplo de como se crean las desigualdades en Brasil. Y todo esto por una interpretación errónea del Tribunal Supremo sobre nuestra legislación y nuestra Constitución. En Brasil se grava los vehículos motores por su uso de las carreteras, como este tipo de vehículos -barcos y helicópteros- no usan las carreteras el Tribunal Supremo ha interpretado que no deben pagar impuestos.

La situación ahora en Brasil está bastante complicada para la presidenta. Se le acusa de violar normas fiscales para maquillar el déficit, lo que llaman “pedaladas fiscales” ¿qué es exactamente de lo que se le acusa?

En Brasil no es legal que las administraciones públicas se financien mediante los bancos públicos. Lo que ha ocurrido es que el Gobierno ha firmado contratos con algunos de estos bancos para que sean los que distribuyan y paguen algunos pagos públicos, como podrían ser los pagos de las becas a los estudiantes o las ayudas familiares. Estos contratos incluían una cláusula que indicaba que si la administración pública se quedaba corto de capital en algún momento, el banco público lo cubriría a esperas de que el Gobierno lo reembolse después sin cobrarle intereses por ello. No es una operación financiera de préstamo como tal sino más bien una operación para cubrir una falta de flujo de capital.

A eso es justamente a lo que se agarra la oposición en Brasil. Esa financiación temporal que usa el Gobierno con el banco público para esos pagos es interpretado como una ilegalidad. Eso lo hicieron todos los presidentes anteriores y muchos gobernadores, por lo menos 16, pero ahora el Tribunal de Cuentas ha cambiado su interpretación y lo ha criminalizado. Es como aparcar tu coche en una calle, que venga un policía y pinte una línea de prohibido aparcar y llame a una grúa para que se lleve tu coche.

El problema es que las clases altas han perdido las elecciones por muy poco y este tipo de cosas corresponden a una lucha para quitar el poder a Lula mediante el impeachment.

Yago Álvarez  

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