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Antimilitarismo y elecciones municipales y autonómicas 2015

29 de abril de 2015

Aspectos de lo militar que afectan a la política municipal y de las autonomías

Llama la atención el silencio absoluto de las propuestas municipales de todo signo hacia la abrumadora presencia de lo militar en municipios y ante el abrumador apoyo institucional de Comunidades Autónomas y ayuntamientos hacia las ferias de armas, actos de todo tipo y las múltiples subvenciones y convenios que promocionan lo militar.


Aspectos de lo militar que afectan a la política municipal y de las autonomías

Para romper esta tendencia hemos realizado un informe “Antimilitarismo y elecciones municipales y autonómicas 2015” que se puede consultar y descargar de nuestro blog, donde desvelamos un catálogo de privilegios de lo militar que afectaban a la vida cotidiana de las personas en su propio espacio de convivencia y ofrecíamos pistas para elaborar alternativas políticas que por una parte quitaran poder a lo militar y promovieran mejoras de las políticas públicas y en el empoderamiento ciudadano hacia políticas de paz.

Seis aspectos de lo militar afectan a la política municipal y de las CC.AA

- 1) El privilegio por medio de una ley franquista del actual Ministerio de Defensa de declarar “zona de interés para la defensa” cualquier espacio y de limitar o prohibir lo usos sobre el mismo; privilegio que blinda lo militar a los ojos y el control civil y que usan habitualmente para que centros recreativos, cantinas, centros sociales y otras instalaciones militares no paguen impuestos por los servicios que los municipios les prestan.

- 2) La exención o no sujeción de lo militar (el segundo terrateniente del estado después de RENFE y antes que la Iglesia) a impuestos y tasas municipales de todo tipo, cuyo coste nos transfieren a todos y todas. Y que deja clara la habitual insolidaridad militar con los civiles.

- 3) Las indecentes subvenciones de i+d que reciben las industrias militares (algunas de ellas de titularidad pública o participadas por ésta) para fabricar armas. Armas que han generado una deuda militar impagable e inmoral de más de 30.000 millones de euros para adquirir material militar enfocado a la invasión (España ha participado en más de 70 operaciones militares en el exterior desde la transición hasta el rajoinato) y a la exportación (séptima potencia exportando armas y los consiguientes conflictos).

- 4) El ingente patrimonio militar: actualmente más de 1´2 millones de metros cuadrados en venta para comprar nuevas infraestructuras militares o armas. Mucho de este patrimonio es de carácter especulativo, y podría ser usado, ya que según ellos perdió el fin que justificó la cesión “sui generis” del mismo (en gran parte por ayuntamientos tras la guerra civil o su expropiación o compra a precios irrisorios), para políticas sociales o infraestructuras socialmente útiles.

- 5) Las innumerables molestias que provoca la presencia militar en ciudades y municipios, desde el fusilamiento simbólico hace ya tiempo de un alcalde a la presencia de tanques y otros artilugios por despiste en pueblos en época de maniobras, los ruidos de aviones que traspasan la barrera del sonido, altercados de legionarios ebrios, molestias a vecinos por maniobras, etcétera.

- 6) La posesión de 30 espacios naturales pertenecientes a la red natura 2000, con más de 150.000 hectáreas, con la alta degradación ecológica producidas por las actividades militares sobre los mismos, la privación civil sobre los mismos y el peligro de la actividad sobre las poblaciones cercanas y sus actividades tradicionales.
Que sobre estos aspectos, hasta la fecha, no haya propuestas es significativo. ¿No cabe reclamar impuestos y tasas a lo militar o a las industrias como Navantia o EADS? ¿No merece la pena reclamar el uso civil de instalaciones militares en desuso, la reversión de cesiones que en su día se hicieron “por interés de la defensa” que no existe? ¿No sería deseable que las bases de Morón u otras desaparecieran? ¿O que el campo de tiro de Bardenas Reales (un paraje que tiene la declaración de Reserva de la Biosfera pero donde el Ejército del Aire practica con fuego real) se disolviera?. Y así otras muchas propuestas.

Junto a estas políticas de quitar poder a lo militar cabe pensar otras para promover una cultura de paz en lo municipal y autonómico basadas en la idea de la Seguridad Humana en vez de la seguridad militar. Si los municipios son proactivos en sensibilizar y acompañar comprometidamente a la ciudadanía hacia una cultura de paz, en vez de quedarse en meras panoplias declarativas y hechos simbólicos, se vuelven actores activos en el cambio inconformista hacia la paz.

Esta política debe poner el énfasis en acompañar la sensibilización de la propia comunidad, en promover su conocimiento “antes, durante y después” de los diversos conflictos y en comprometer e implicar en su resolución la solidaridad ciudadana. Entender que la lucha por la paz es la lucha aquí y “allá” contra la violencia directa, pero también contra las violencias estructural y cultural tantas veces provocadas por nuestro modo de vida, por los intereses “occidentales” y por la geopolítica en la que participamos.

Líneas políticas como hermanamientos con verdadera implicación y transferencia con pueblos en conflicto, como el apoyo a sus organizaciones pacifistas y noviolentas, como la lucha por los Objetivos del Milenio y la Seguridad Humana desde la solidaridad, como el apoyo a la resolución noviolenta de conflictos, como el apoyo a los refugiados y desertores de las guerras y la solidaridad y hospitalidad con ellos, como la oposición al intervencionismo militar o civil pueden formar parte de esta nueva política; pero también promover en el propio espacio municipal la sensibilización pacifista, la objeción al gasto militar, el boicot público a los bancos y empresas militares que financian las guerras, la negativa a una presencia institucional de lo militar en las ciudades, la desmilitarización de las fiestas y símbolos, la propia desmilitarización de las calles y espacios públicos, el intercambio con otros pueblos supuestamente enemigos para acabar con los prejuicios, la educación por y para la paz de forma trasversal en la comunidad y en las propias competencias, el empoderamiento social en la práctica de la noviolencia y la desobediencia civil, , la cesión de espacio y la iniciativa para las organizaciones pacifistas y noviolentas y otras propuestas que se plantean en el informe pueden permitir que la política de paz de los municipios los conviertan, con la gente, en coactores de un verdadero cambio cultural.

Que todo ello ni siquiera sea tenido en cuenta por los partidos y organizaciones con aspiraciones electorales no hace sino mostrar la retórica de sus argumentos y el desinterés real por el tema de la paz que muestran habitualmente.

Tal vez haga falta exigirles más para que no miren tanto para otro lado y que se comprometan con política pacifistas positivas.

Colectivo Utopía Contagiosa    Utopía Contagiosa

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